Bienvenidos a la Rioja
Un enero en el norte Ahora quiero contarles de La Rioja . Pero antes, tengo que volver nueve años atrás. Porque hay lugares a los que una no llega sola. Llega guiada por personas. A mi vida, hace casi una década, llegó alguien que se tomó el tiempo de conocerme de verdad , de creer en mí cuando yo aún no sabía hacerlo y de formarme con paciencia, respeto y visión. A veces me gusta pensar en él como el Yoda de mi vida —sabio, silencioso, firme—, porque su enseñanza nunca fue ruidosa, pero sí profunda. Él viene de La Rioja. Fue gerente de la empresa en la que trabajé durante muchos años. En las horas de almuerzo me hablaba de su hogar, de su tierra, de su gente. Pero no lo hacía como quien enumera datos: sus historias eran cuentos , relatos tan vivos que una podía cerrar los ojos y viajar. Puedo decirlo sin reservas: su amor —humano, honesto, exigente— hizo de mí la persona que hoy soy. Y su nombre merece ser dicho con gratitud: Juan Alberto . Don Juan, como le digo...