LO QUE ENCONTRE AL OTRO LADO DEL ARCOIRIS
Nuestro corazón es una casa.
Y cada sentimiento es un objeto.
Si hoy hiciéramos una limpieza profunda…
¿qué encontraríamos?
Cartas viejas.
Fotografías que aún duelen.
Recibos emocionales que nunca terminamos de pagar.
Una prenda que ya no nos queda, pero nos negamos a sacar porque “tal vez un día”.
Existe un dicho que afirma:
“Si el cuenco está lleno, no puede recibir agua nueva.”
Y lo mismo ocurre con el corazón.
Cuando lo sobrecargamos con pasado, no dejamos espacio para el presente. Mucho menos para el futuro.
Hace tres años, después de una gran decepción, inicié un proceso de pérdida de peso.
Al principio no fue por amor propio.
Fue por dolor.
Quería no volver a sentirme insegura nunca más.
Hoy sigo en el camino. Pero la herida… ¿sanó completamente?
Cada domingo cuando mi dismorfia me ataca, entiendo que sigo limpiando. Que aún saco trapitos del cajón.
La peor adversaria no fue quien me dañó.
Ha sido la voz interna que me repite que no es suficiente.
Cuando el desorden mental no se trabaja, nos cerramos.
Nos convencemos de que no necesitamos ayuda.
Nos blindamos.
Y confundimos control con fortaleza.
Pero no siempre fuimos así.
A veces entregamos demasiado.
Nos abrimos.
Y nos dañaron.
Entonces decidimos protegernos.
En los gimnasios hay más corazones rotos que en cualquier sala de espera.
Muchos llegamos por trauma.
Nos volvemos disciplinados.
Cambiamos hábitos.
Nos rodeamos de personas que quieren superarse.
Pero detrás de la constancia, muchas veces hay miedo:
miedo a ser rechazados
miedo a volver a sentir dolor
miedo a no ser suficientes
Nos volvemos estrictos.
Ordenados.
Controladores.
Y aunque nuestro cuerpo mejora, la batalla con el espejo continúa.
Aceptar ayuda se siente como tirarse en bungee sin cuerda.
Porque aceptar ayuda es admitir que no todo depende de nosotros.
Y eso, para quien fue herido, es aterrador.
Recibir no es dependencia.
Recibir es permitir.
La tierra recibe la semilla y no por eso es débil.
Es fértil.
En el gym aprendí algo importante:
mis compañeros son parte de mi ecosistema.
Si no quiero entrenar, me empujan.
Si hago trampa, me corrigen.
Si me rindo, me recuerdan quién soy.
Pero cuando la batalla es interna… muchas veces rechazo su ayuda.
Porque me obliga a mostrar vulnerabilidad.
Y ahí está el verdadero trabajo.
Confundimos ayuda con debilidad.
Confundimos apertura con pérdida de control.
Imagina una mujer que dedicó su vida a su matrimonio.
Fue madre.
Fue apoyo.
Fue compañera.
Y cuando los hijos se fueron…
él también se fue.
Esa mujer no odia.
Pero se blinda.
Sobreanaliza.
Desconfía.
Descarta.
No porque todos sean malos.
Sino porque abrirse duele.
Pero limpiar los cajones es decisión propia.
Perdonar no significa volver.
Aceptar que alguien es dañino no significa odiarlo.
Significa decidir crecer.
Significa no acumular resentimientos como acumulamos ropa que ya no usamos.
Cuando:
demeritas tus logros
no aceptas cumplidos
rechazas apoyo
minimizas tu dolor
es señal de que necesitas ordenar el interior.
Ser felices no es un accidente.
Es una decisión consciente.
Amar desde el respeto es un acto de madurez.
Recibir amor también.
Duración: 5 minutos
Toma una libreta.
Escribe tres emociones que sigas cargando del pasado.
Pregúntate:
¿Esto aún me sirve?
¿Lo guardo por miedo?
Elige una pequeña acción:
hablarlo
escribir una carta que no enviarás
perdonar en silencio
pedir ayuda
Cierra diciendo:
“Mi corazón tiene espacio para lo que me honra, no para lo que me ata.”
Nuestro corazón no es un depósito.
Es una casa.
Y las casas necesitan ventilación, luz y orden.
Recibir es permitir.
Soltar es sanar.
Y limpiar no es debilidad, es evolución.
Nos leemos el próximo miércoles, ohana Weste 🌿
Comentarios
Publicar un comentario