Nuestro corazón es una casa: cómo sanar traumas, soltar el pasado y aprender a recibir ayuda
Hola 🤍
Retomando nuestras conversaciones, hoy quiero que hablemos de hábitos.
De esos que, sin darnos cuenta, a veces nos salvan…
y otras veces nos condenan.
Dicen que las personas acumulamos por previsión.
Pero si somos honestas, muchas veces acumulamos por miedo.
Existe un principio japonés muy simple:
1 entra, 1 sale.
Creemos que solo aplica a la casa, al clóset o a la cocina.
Pero si lo llevamos a la vida, la pregunta es incómoda y necesaria:
👉 ¿Cuántas veces arruinamos nuestra paz por no saber desechar?
Desechar no es olvidar.
Desechar es ordenar.
Cuántas veces seguimos en una relación que no funciona por miedo a quedarnos solas.
O dañamos una relación sana porque arrastramos recuerdos, traumas, sospechas y viejas facturas que no nos suman.
Cuántas veces tomamos el celular para escribirle al ex, solo para comprobar que seguimos siendo importantes, aunque sepamos —muy en el fondo— que esa relación terminó porque ya no era funcional.
Aquí hago una aclaración necesaria:
desechar no es borrar a la persona.
Lugar, sujeto y objeto.
Mantener una relación respetuosa con el padre o la madre de tus hijos no implica volver, ni seguir disponibles emocional o sexualmente, ni opinar sobre la vida íntima del otro.
La relación romántica salió.
Entró la coparentalidad.
1 entra, 1 sale.
Cuando no hacemos ese cambio con claridad, no iniciamos sanamente nada nuevo.
Solo trasladamos miedos viejos a vínculos nuevos.
Lo mismo ocurre cuando hay una infidelidad y se decide continuar.
Si el perdón “entra”, la venganza debe “salir”.
No porque el dolor desaparezca mágicamente, sino porque vivir con el hacha en la espalda no le da descanso ni al cerebro ni al corazón.
El rencor no protege: desgasta.
Incluso en lo cotidiano entrenamos al cerebro para vivir con miedo.
Cuando no somos capaces de botar una taza sin asa, un recipiente sin tapa, una blusa que ya no nos representa, estamos diciéndole a la mente:
“Desconfía. En cualquier momento todo puede faltar.”
Y así vivimos.
En alerta.
En escasez emocional.
Pasa igual en las relaciones: guardamos cada error como si fuera una prueba judicial.
Un saco lleno de reproches “por si acaso”.
Pero cargar no es amar.
Aquí entra el verdadero trabajo consciente:
¿Cómo soy yo?
¿Qué es imperdonable para mí?
¿Qué sí puedo negociar y qué no?
Tomar ese clóset imaginario que todas tenemos y decidir, sin miedo:
qué se queda,
qué se va,
y por qué.
No por soledad.
No por costumbre.
Sino por coherencia.
Vivir en una relación quebrantada en sus cimientos más importantes es como ponerse un pantalón de hace diez años “por si bajo de peso”.
Tal vez algún día…
pero mientras tanto no caminas cómoda, ni segura, ni libre.
Sacar raíces duele.
Pero también abre espacio.
Minimalismo no es solo estética.
Es salud mental.
Es enseñarles a nuestros hijos que no todo lo que se guarda vale la pena.
Yo he sido acumuladora.
De cosas, de culpas, de responsabilidades, de emociones.
Cuando vienes de la escasez, crees que todo puede salvarte algún día.
Y no.
Solo te llena de ruido.
Aprender a desechar resentimientos me permitió amar sin amargura.
Aprender de las experiencias sin quedarme a vivir en ellas.
Entender que nada me obliga a conservar lo que ya no me enriquece.
1 entra, 1 sale es simple, pero poderoso.
Si lo aplicamos, aprendemos a atesorar solo lo valioso
y a soltar —con dignidad— lo que nos dañó.
Seguiremos profundizando en estos conceptos en los próximos Miércoles de Conciencia · Awá.
Por ahora, yo sigo limpiando mi clóset…
el de la casa y el del alma.
Besos 🤍
Ohana de Casa Weste.
Elige un objeto que no uses y entrégalo hoy mismo.
Mientras lo haces, nombra mentalmente algo emocional que también estás soltando.
Respira profundo y repite:
“Confío en que el espacio que libero será ocupado por lo que sí me nutre.”
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