LO QUE ENCONTRE AL OTRO LADO DEL ARCOIRIS





Vivir Donde Otros Vacacionan

Hola, personas encantadoras:

Hace tiempo no hablamos y tengo tanto que contarles.

Terminé un proyecto importante que me regaló grandes emociones y, casi sin darme cuenta, entré en una etapa que me ha exigido paciencia, resiliencia y perseverancia. Mi esposo dice que por fin está conociendo mi etapa de reposo. Hahaha... Bueno, siendo sincera, eso no es del todo cierto. Yo no reposo. Al menos, no de la manera tradicional.

Y precisamente de eso quiero hablarles hoy.

En marzo dejamos atrás República Dominicana para disfrutar unas extensas y merecidas vacaciones. Aunque, si soy completamente honesta, debería llamarlas un tiempo de creación, porque las vacaciones nunca han sido mi especialidad.

La primera semana nos escapamos a una hermosa playa y nos hospedamos en un hotel cinco estrellas todo incluido. Descubrí que me gusta el sushi —algo que jamás imaginé—, llenamos la habitación de globos, me atreví a usar un traje de baño de dos piezas, observamos iguanas tomando el sol y disfrutamos de tardes interminables entre el mar, los tragos y la brisa cálida.

Pero cuando regresamos, me esperaba algo mucho más emocionante: construir un hogar.

Nos instalamos en un rincón maravilloso desde donde, cuando el cielo está despejado, podemos contemplar la majestuosidad del volcán Arenal. Por las mañanas, los pajaritos hacen sus nidos entre las cerchas de la casa y me regalan escenas dignas de una fotografía.

A nuestro alrededor crecen plátanos, bananos, carambolas, chiles, yuca, mangos y guanábanas. En un gesto de generosidad que parece salido de otro tiempo, nuestro vecino nos permite disfrutar de los frutos que nacen en su terreno.

Vivimos rodeados de agua cristalina, días soleados y un clima cálido que nos ha dejado la piel dorada por el sol.

Construimos un pequeño gimnasio para continuar cuidando nuestro cuerpo y colocamos una piscina modular donde refrescarnos en las tardes más calurosas. Y si todo eso no fuera suficiente, tenemos un lugar especial al que escapamos cuando queremos compartir una buena conversación.

El Caracol, en Florencia de San Carlos.

Un sitio tan cálido como las personas que lo atienden.

Germán y Flora, quienes por muchos años, han convertido este lugar en un refugio para locales y visitantes. Allí siempre encontrarás una cerveza bien fría, historias compartidas y, sin exagerar, uno de los pollos fritos más deliciosos que he probado en la zona.

Pero la historia no termina ahí.

La verdad es que este rincón de Costa Rica es una joya para el turismo nacional e internacional.

A menos de veinte minutos se encuentran emocionantes recorridos en rápidos, cafeterías acogedoras, restaurantes llenos de sabor local, supermercados, eco hospedajes y múltiples actividades para quienes buscan aventura o descanso.

Y a tan solo cuarenta y cinco minutos se encuentran las famosas aguas termales, donde es posible disfrutar de experiencias para todos los presupuestos mientras se contempla la imponente silueta del volcán Arenal.

También están los recorridos por el embalse, los tours de chocolate, los senderos naturales y cientos de pequeños tesoros que convierten esta región en un destino extraordinario.

Durante años me pregunté cómo se sentiría vivir en un lugar donde otros vienen a vacacionar.

Hoy ya conozco la respuesta.

Se siente como despertar cada mañana dentro de una postal.

Mi hogar se ha convertido en un pequeño ecosistema.

Además de los cultivos, ahora compartimos la vida con catorce hermosas y trabajadoras gallinas ponedoras que cada día nos regalan el desayuno para mis entrenamientos y los de mi familia.

Y como ya me conocen, saben perfectamente que no puedo quedarme quieta.

Así nació Agro Santa Rita.

Un negocio pequeño, sencillo y acogedor donde ofrecemos concentrados para animales, productos para mascotas y artículos de jardinería.

Lo más bonito de esta aventura no es el negocio en sí, sino las personas que han hecho posible que exista.

Tuve la enorme fortuna de encontrarme con la dueña del Super Santa Rita, quien me recibió con cariño y me permitió establecerme justo al lado de su comercio.

A veces la vida cambia por grandes decisiones.

Y otras veces cambia porque alguien te abre una puerta.

En mis ratos libres —porque sí, aunque pocos, también los tengo— sigo pintando piezas de artesanía, escribiendo historias, entrenando, fotografiando aves y soñando nuevos proyectos.

Reinventarse toma tiempo.

No sucede de un día para otro.

Es un proceso silencioso que se construye con pequeños pasos, mucha fe y una enorme dosis de paciencia.

Sin embargo, he descubierto algo importante.

No importa cuántas veces cambie de país, de profesión, de paisaje o de rutina.

Siempre termino encontrando la manera de construir hogar.

Y cuando las dudas aparecen, cuando los planes tardan más de lo esperado o cuando la vida me obliga a desacelerar, siempre encuentro la misma solución.

Una taza de café.

Porque algunas respuestas no llegan corriendo.

Llegan despacio.

Como los amaneceres sobre el Arenal.

Y cuando finalmente aparecen, entiendes que todo estaba ocurriendo exactamente como debía.


Ritual Casa Weste 🌿

Esta semana regálate quince minutos para observar el lugar donde vives.

No importa si es una finca, una ciudad, un apartamento o una habitación.

Busca tres cosas hermosas que antes habías dejado de mirar.

Escríbelas en una libreta mientras disfrutas una taza de café o tu bebida favorita.

A veces la felicidad no llega cuando cambiamos de lugar.

A veces aparece cuando aprendemos a ver con nuevos ojos el lugar donde ya estamos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nuestro corazón es una casa: cómo sanar traumas, soltar el pasado y aprender a recibir ayuda

Juntando monedas para un sueño