Los premios que otorgamos

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  🏆 Los premios que otorgamos Miércoles de conciencia — Reflexiones para sanar y entender Las personas —y aclaro, no solo las mujeres— sufren. Nos hemos vuelto una civilización descontrolada, empeñada en igualar el marcador sin darnos cuenta de que estamos perdiendo la belleza de la singularidad. La masculinidad y la feminidad ya no se complementan: compiten. Y en ese campo de batalla emocional, los buenos terminan heridos, y los vacíos, premiados. Los trofeos equivocados Antes de llegar hasta donde estoy, fui la causante de muchas de mis propias derrotas. ¿Por qué? Porque me pasé años entregando trofeos a quienes no los merecían. Me daba tanta vergüenza por mis malas decisiones, que justificaba las acciones de otros como si fueran víctimas del destino: “No es agresivo, tuvo una mala vida.” “No lo culpes, nunca ha sido valorado.” “No es descarado, solo es muy sincero.” Les di excusas, les di tiempo, y para colmo, les di amor fingido . Porque sí, hay mucho...

Las mujeres son de Venus y los hombre de Marte

 




💚 MIÉRCOLES DE CONCIENCIA – CASA WESTE

Manual no autorizado para entender a las mujeres (y no morir en el intento)

Lo prometido es deuda…
así que hoy vamos a hablar de las mujeres.

Justamente esta mañana hablaba con un compañero sobre esas preguntas que parecen no tener respuesta lógica:
¿Por qué discutimos de noche?
¿Por qué nos preguntan qué queremos comer y decimos “lo que sea”?
¿Por qué cuando nos pasa algo decimos que no nos pasa nada… y claramente sí nos pasa?

Bueno.
Aquí van algunas respuestas —no científicas, pero brutalmente reales—.

💭 Etapa uno: el enamoramiento y la fantasía

Cuando nos enamoramos, idealizamos.
Después de todo, nosotras escogimos a esa persona… y claramente no pudimos habernos equivocado.

Pero con el tiempo, el príncipe azul entra en metamorfosis:
algunos evolucionan a reyes,
otros… a plebeyos confundidos.

Al inicio, la señorita en cuestión se acostumbra rápido a los mimos, a los chineos, a los mensajes, a los detalles.
Todo es lindo.
Todo se guarda como tesoro en la famosa “caja de recuerdos emocionales”.
Y sin darse cuenta, empieza a imaginar cómo debería ser la relación.

Y aquí es donde algo se rompe… sin ruido.

🫶 Las mujeres y los estímulos invisibles

Las mujeres somos seres de oído y tacto.
No sexual —ojo— sino emocional:
mimos, presencia, interés, cuidado sin pedirlo.

Cuando confiamos, nos volvemos vulnerables.
Y en las manos correctas, somos niñas grandes.

Pero aquí viene el choque cultural:
para muchos hombres, eso no es prioritario.
Su cerebro funciona distinto.
En versión jungla, el estímulo solo aparece cuando hay reproducción.

Aclaro: hay hombres que sí entienden esto, benditos sean.

🦁 El dilema masculino (según nuestra mente)

Ahora bien…
si un hombre es demasiado empalagoso, tampoco nos atrae tanto.
¿Contradictorias? Sí.
¿Humanas? También.

Queremos un hombre que represente seguridad, presencia, fuerza tranquila.
No una amiga más.
Pero tampoco un bravucón que haga papelones.

Queremos un equilibrio imposible:
amigo, amante, compañero, protector, detallista…
todo en uno.
Y se nos olvida un pequeño detalle:
esa persona no es nuestro espejo.
Fue criado distinto.
Piensa distinto.
Siente distinto.

Entonces llegan los reclamos:
“Es que antes no eras así.”
“Es que ya no me escribes.”
“Es que algo cambió.”

Y no siempre cambió él.
Cambió nuestra expectativa.

🧠 El matrimonio y la matemática emocional

Las relaciones no funcionan en 50/50 fijo.
Funcionan en porcentajes variables:
hoy tú das 70 y yo 30,
mañana yo 90 y tú 10.

Las parejas que sobreviven son las que se eligen cada día, no las que esperan que el enamoramiento haga todo el trabajo.

Pero seamos honestas:
es muy difícil seguir enamorada cuando no recibes los estímulos que necesitas.
Y más difícil aún cuando esos estímulos aparecen… de otros lados.

⚠️ Consejo con humor (y amor)

La vida ya tiene problemas reales, MUY reales,
como para pelear por una toalla en el suelo o un aniversario olvidado.

Porque seamos sinceras…
también somos bien jodidas.

Inventan el día de las flores amarillas
y queremos flores amarillas.
O sea… tampoco así.

Los hombres tienen en la mente una habitación de “la nada”.
Si insistís demasiado, se meten ahí…
y chao, lo perdiste.

¿Querés flores?
Decilo.
No esperés magia.

Trabajo con puros hombres y todos se quejan de lo mismo:
“Mae, olvidé la taza del almuerzo y me regañaron todo el día…
¡LA TAZA DEL ALMUERZO!”

Amigas, somos creaciones perfectas hechas por Dios…
y en su misericordia, nos dio compañeros con mente de teflón.
Imagínense si además se enojaran porque no les dimos flores amarillas.

🌌 Para cerrar

Cuando alguien externo te da atenciones que tu pareja no te da,
recordá esto:
esa persona está en fase de enamoramiento, no en fase de convivencia.

Esto NO aplica para agresores, mujeriegos ni sinvergüenzas.
Hablamos de parejas normales, humanas, cansadas.

Las mujeres somos almas enamoradas que desean ser vistas.
Nos callamos todo el día…
hasta que en la madrugada soltamos la bomba.
Y ahí nadie duerme.

No decimos qué queremos comer porque creemos que el otro debería saberlo,
así como nosotras sabemos lo que él quiere.

Pero no funcionan igual.

Venus y Marte, dicen.
Yo digo: dos mundos intentando amarse con manuales distintos.

Y de eso…
seguiremos hablando el próximo miércoles.

Casa Weste 💚

🌿 Ritual Weste — “Hablar antes de estallar”

Este ritual no es para la pareja.
Es para ti.

  1. Busca un momento de silencio antes de dormir.

  2. Coloca una mano en el pecho y otra en el vientre.

  3. Pregúntate con honestidad:
    ¿Qué necesito hoy que no estoy pidiendo?

  4. Nómbralo en voz baja, sin juicio.

  5. Cierra con esta afirmación:

“Tengo derecho a pedir lo que necesito.
Mi voz no molesta.
Mi sentir importa.”

Respira profundo.
Dormir entendida por ti misma ya es una forma de amor.


Cierre — Miércoles de Conciencia

Las mujeres no somos complicadas.
Somos profundas.

No hablamos tarde porque queramos pelear,
hablamos tarde porque pasamos el día entero callando.

No decimos qué queremos comer
porque anhelamos sentirnos pensadas, no adivinadas.

No pedimos flores amarillas
porque no queremos flores:
queremos ser elegidas.

Tal vez no somos Venus ni ellos Marte.
Tal vez solo somos dos lenguajes distintos
intentando decir “ámame” con palabras diferentes.

Y aprender eso…
también es conciencia.

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