Los chismes de Vacaciones
Después de la boda y la luna de miel, juré que no podía haber más brillo, más risas, ni más brindis…
pero el destino, con su ironía encantadora, tenía otro plan: un bautizo en Andalucía.
Un día antes de regresar a República Dominicana, nos invitaron a celebrar,
y sinceramente no tenía idea en lo que me estaba metiendo.
Porque, mi gente, un bautizo andaluz no es una ceremonia, es un evento cinematográfico.
Al llegar al lugar —un salón hermoso donde el aire olía a flores y felicidad— entendí que estaba por vivir una experiencia cultural que merecía capítulo aparte.
Los niños, protagonistas del día, iban vestidos como príncipes y princesas:
encajes, lazos, mini trajes de gala…
una escena sacada de una pintura viva.
Las mesas resplandecían entre luces cálidas,
las flores parecían recién despertadas del paraíso
y los camareros atendían con una elegancia que solo puede nacer de la tradición.
Nos servían vinos, entremeses y platos que parecían pequeñas obras maestras.
Adentro, los organizadores acomodaban los lugares del banquete,
el DJ afinaba la energía,
y el vino empezaba a llenar las copas mientras las risas se mezclaban con el tintineo del cristal.
Primer plato, segundo plato, postre…
y entre conversación y música,
me descubrí fascinada por el arte con que este pueblo celebra la vida.
Porque sí, hay fiestas en todas partes,
pero en Andalucía, cada celebración es una coreografía de alma, estética y alegría.
Y aunque los festejos habían terminado,
aún quedaban historias, paisajes y emociones por contar
de mi primer viaje a España —
un viaje que no solo marcó mi pasaporte,
sino también mi corazón. 🇪🇸✨
Para honrar la vida, incluso cuando no hay fiesta.
A veces creemos que solo se celebra lo grande:
una boda, un nacimiento, un logro visible.
Pero en Andalucía aprendí algo distinto:
la celebración también es una forma de fe.
Fe en la vida, en los encuentros,
en las risas compartidas y en los corazones que bailan sin permiso.
Este ritual es para ti,
que quizás no tienes una fiesta planeada,
pero sí un alma llena de gratitud por lo vivido.
Coloca sobre una mesa algo que simbolice alegría y unión:
una flor, una copa de vino, una vela o una foto donde sonrías de verdad.
Tres cosas por las que hoy te sientas bendecida,
aunque sean pequeñas: una charla, una risa, un amanecer.
“Celebro la vida que me habita.
Agradezco las almas que me acompañan.
Brindo por el amor que ya soy.”
Toma un sorbo de vino, agua o té.
Respira hondo.
Siente que, por un instante, todo está en su lugar.
No necesitas invitaciones para celebrar.
La vida te envía sus propias fiestas:
a veces con flores y brindis,
y otras, con silencios que también saben amar.
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