Nuestro corazón es una casa: cómo sanar traumas, soltar el pasado y aprender a recibir ayuda

Imagen
  🟢 Nuestro corazón es una casa: ¿qué encontrarías si hicieras limpieza profunda? Nuestro corazón es una casa. Y cada sentimiento es un objeto. Si hoy hiciéramos una limpieza profunda… ¿qué encontraríamos? Cartas viejas. Fotografías que aún duelen. Recibos emocionales que nunca terminamos de pagar. Una prenda que ya no nos queda, pero nos negamos a sacar porque “tal vez un día”. Existe un dicho que afirma: “Si el cuenco está lleno, no puede recibir agua nueva.” Y lo mismo ocurre con el corazón. Cuando lo sobrecargamos con pasado, no dejamos espacio para el presente. Mucho menos para el futuro. 🟢 El armario emocional y la dismorfia del alma Hace tres años, después de una gran decepción, inicié un proceso de pérdida de peso. Al principio no fue por amor propio. Fue por dolor. Quería no volver a sentirme insegura nunca más. Hoy sigo en el camino. Pero la herida… ¿sanó completamente? Cada domingo cuando mi dismorfia me ataca, entiendo que sigo limpiando. Que aún s...

Que sigue?

 

Un plan y mil voces en mi cabeza

Como les dije, uno inicia un plan… pero si eres como yo, una mezcla de TDAH y múltiples personalidades, terminas con miles de voces hablando dentro de tu cabeza.
Yo hasta nombres les puse. 🙃

Y claro, como un loco hace a otro loco, ahí estaba mi marido. El pobre, que aunque hablamos ambos español, el mío es español de León y el suyo cordobés andaluz… ¡un arroz con mango! Un día le salgo con un plan y al día siguiente con otro.


La parada en Costa Rica😅

En el 2022, antes de venir al Caribe, hicimos una parada en Costa Rica.
Y ahí, en medio de mi caos interno, él decidió que quería que fuese su esposa.

Yo me sorprendí un montón. ¿El europeo que, porque Dios existe, había llegado a mi vida, me pedía matrimonio?

Muchos dirán: “¿y qué tiene de diferente?”.
Se los digo: cuando lean el libro, si lo leen, lo entenderán. Pero les hago spoiler:
👉 No es que él sea superior por su nacionalidad, ni por su estatus.


El problema no era él, era yo

Yo venía más que rota, siempre herida por quienes juraron protegerme.
Tres relaciones fallidas, récord de 100%.
Si me hubiesen hecho una caricatura, sería una vaca watusi.

Entonces vas por la vida sintiendo que el problema eres tú.
Aunque las personas cercanas te validen como buena, la persona que más querías no lo hacía.
Ese era mi espejo roto.


El hombre que me enseñó a merecer amor

Y entonces llegó mi amado.
Tuvo la paciencia de limpiar poco a poco el camino y demostrarme que sí merecía ser amada.

Y claro, cuando te dan una probadita… ¡ay papá! Agárrese, porque uno pide más que Teletón. 😅

Así me pasó: no solo quería boda, tuve dos.
Y una en España, con bombos, platillos y todo, como una novia andaluza.


Una nueva locura compartida

Ese fue el inicio de la primera gran locura que monté a Juanjo conmigo.
Y aunque mi cabeza siga siendo un coro de voces y planes cambiantes, aprendí que a veces la respuesta no es callarlas… sino invitar a alguien a bailar con ellas.


Ejercicio de gratitud 🌿

Piensa en una persona que haya tenido la paciencia de quedarse contigo en medio de tu caos.

  1. Escríbele un mensaje corto de agradecimiento.

  2. O anota en un papel: “Gracias porque me enseñaste que merezco amor”.

  3. Guarda ese papel en tu propio cofre invisible.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Juntando monedas para un sueño

Mi boda en Andalucía