Los premios que otorgamos


 

🏆 Los premios que otorgamos

Miércoles de conciencia — Reflexiones para sanar y entender

Las personas —y aclaro, no solo las mujeres— sufren.
Nos hemos vuelto una civilización descontrolada,
empeñada en igualar el marcador
sin darnos cuenta de que estamos perdiendo la belleza de la singularidad.

La masculinidad y la feminidad ya no se complementan:
compiten.
Y en ese campo de batalla emocional,
los buenos terminan heridos,
y los vacíos, premiados.


Los trofeos equivocados

Antes de llegar hasta donde estoy,
fui la causante de muchas de mis propias derrotas.
¿Por qué?
Porque me pasé años entregando trofeos a quienes no los merecían.

Me daba tanta vergüenza por mis malas decisiones,
que justificaba las acciones de otros como si fueran víctimas del destino:

“No es agresivo, tuvo una mala vida.”
“No lo culpes, nunca ha sido valorado.”
“No es descarado, solo es muy sincero.”

Les di excusas, les di tiempo,
y para colmo, les di amor fingido.
Porque sí, hay muchos tipos de malas camas:
los egoístas de cinco segundos,
los que usan el sexo como castigo,
los que te hacen sentir culpable por desear,
y los que te censuran cuando te atreves a ser creativa.

Y no, no se trata solo del cuerpo.
También están los que te drenan el alma.
Los que te dicen cómo debes hablar,
pensar, vestir o sentir.
Los que manipulan tu amor
hasta convencerte de que el error eres tú.


Las medallas del perdedor

Hay quienes saben perfectamente que los amas
y usan ese amor como moneda de control.
Te dan migajas para mantenerte ahí,
pagando las facturas emocionales de una relación vacía.

Y lo peor es que tanto hombres como mujeres
cometen estas crueldades emocionales,
creyendo que humillar o engañar los hace más fuertes.

Luego, cuando se van,
se justifican con frases recicladas:

“No me atendía porque trabajaba mucho.”
“Ya no había chispa.”
“Era monótono.”

Pero detrás de cada excusa hay una verdad que duele:
no faltaba pasión, faltaba empatía.
No era aburrimiento, era ego.

El amor no se mide en tiempo libre,
sino en la capacidad de mirar al otro
y entender que también se cansa,
que también tiene miedo,
que también está haciendo su parte.


💫 Reflexión final

Yo no digo que hay que aguantar estupideces.
Digo que a veces, demostrar que el otro está equivocado
es más fácil que reconocer los errores propios.

Y que la verdadera madurez
no es ganar la discusión,
sino entender que el amor no es un premio:
es una elección diaria.


Ritual Weste: “Romper el trofeo”

Para dejar de premiar lo que te hiere.

1️⃣ Toma un papel y escribe los nombres o actitudes a las que les has entregado “premios” sin merecerlos:
justificaciones, segundas oportunidades, silencios.

2️⃣ En otro papel, escribe lo que realmente mereces:
respeto, calma, honestidad, reciprocidad.

3️⃣ Quema el primer papel (con cuidado) y di en voz alta:

“Rompo los trofeos del ego.
Desde hoy, solo premio la verdad.”

4️⃣ Guarda el segundo papel en tu cartera o diario,
como recordatorio de tu nuevo estándar emocional. 💛

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nuestro corazón es una casa: cómo sanar traumas, soltar el pasado y aprender a recibir ayuda

UNO ENTRA , UNO SALE